Matisa nació en Sarapiquí, Costa Rica, como el sueño compartido de dos visionarias convencidas de que la agricultura puede ser un motor de sostenibilidad y desarrollo. Inspiradas en la riqueza del trópico costarricense y en el poder transformador del coco, decidieron crear una finca orgánica con un modelo de economía circular, donde nada se desperdicia y todo se reintegra a la tierra. Desde sus primeros pasos, Matisa se propuso ir más allá de la producción agrícola tradicional: buscando aprovechar el 100% del fruto, empezando con plantas ornamentales.